26/02/2024 | 2 minutos de lectura


A la luz de las muchas columnas, cartas y opiniones que se han emitido sobre la figura del expresidente Sebastián Piñera, aún no parecen suficientes los análisis sobre los alcances y distintas aristas que tuvo su figura.

Su familia, colaboradores y amigos han destacado su inteligencia, su libertad interior y su incapacidad para sentir rencor, entre otros aspectos. Sin embargo, resulta inevitable (desde el propio sesgo, desde luego) analizar las características que lo convirtieron en uno de los personajes más importantes y relevantes de nuestra historia reciente.

Fue, sin duda, una persona excepcional por su trayectoria profesional, política y académica, pero también porque desarrolló con éxito otras dimensiones, como la familiar y personal, entendiendo la realización de la persona en aspectos como la amistad, el deporte, la conexión con la naturaleza, etc.

La excepcionalidad, la propia palabra lo sugiere, no abunda. No se trata de ser perfecto o inmaculado; es, más bien, el salirse de lo ordinario, apartarse de la regla de la especie. En esa línea, podemos encontrar, en el expresidente algunas características importantes de revisar.

La excepcionalidad, la propia palabra lo sugiere, no abunda. No se trata de ser perfecto o inmaculado; es, más bien, el salirse de lo ordinario, apartarse de la regla de la especie. En esa línea, podemos encontrar, en el expresidente algunas características importantes de revisar.

La resiliencia es una de ellas. Este concepto alude a cuán rápido o lento somos capaces de recuperarnos de la adversidad, y, en ese sentido, el expresidente fue extremadamente flexible. Ni terremotos, estallidos o pandemias lo doblegaron, aunque sí lo impactaron y, también, desorientaron.

El expresidente fue también alguien con mucho foco en el trabajo. Fue él quien, a inicios de su primer mandato, acuñó el eslogan “trabajo 24/7″ para sus colaboradores, el que de hecho debió dejar de usar, anticipando quizás la enorme animadversión que hoy existe contra ese estilo de vida. Pero él no se aplicó esa vara, amparado en esa tremenda energía que lo tuvo, a solo unas horas de su deceso, coordinando esfuerzos para abordar la tragedia en la Región de Valparaíso. Otros roles también demandan un grado de ánimo superior, porque en esos espacios no es suficiente la personalidad o el carisma, sino más bien la capacidad de conducir y de hacer.

Y en tercer lugar, Sebastián Piñera fue una persona ávida de conocimiento y llena de curiosidad, con una visión amplia y modernizadora, comprendiendo al mundo en que le tocó vivir -el local y el global- y tomando riesgos a fin de lograr los avances que estimaba necesarios. No siempre fue certero, pero -y esta es una lección importante- de los errores se puede salir, y el testimonio público de su carrera nos muestra que verlos como no solucionables es una condena muchas veces autoimpuesta.

El expresidente fue muy conocido por sus innumerables cuadernos, carpetas y lápices, donde tomaba nota, anotaba sus ideas, y donde deben haber sobrado cálculos matemáticos. Mirando su trayectoria en perspectiva, creo que definitivamente hay más sumas y multiplicaciones que restas y divisiones y, aunque será la historia la encargada de analizarlo desde lo político, su propia vida nos permite a cada uno de nosotros apreciar las notables características de un líder excepcional.

*Ornella Bono es socia fundadora y directora de Humanitas Cornerstone

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