17/06/2021 | 2 minutos de lectura


“Probablemente, llegamos a una etapa de ir más allá, de empujar los límites y preguntarnos qué entendemos por diversidad y si circunscribir el tema al género y los perfiles es suficiente.”

El mundo está cambiando. Chile está cambiando. Y en toda esta vorágine hay un tema central que no sólo está provocando los movimientos, sino que es la clave para sortear este nuevo escenario: la diversidad.

Un tema del que hemos hablado y discutido como uno de los ejes central para el desarrollo de sociedades y organizaciones y en el que, sin duda, hemos hecho avances.

Probablemente, llegamos a una etapa de ir más allá, de empujar los límites y preguntarnos qué entendemos por diversidad y si circunscribir el tema al género y los perfiles es suficiente.

Los beneficios de la diversidad en las empresas son tangibles y concretos. Según un estudio realizado por la consultora McKinsey en 2020, las personas que perciben a sus compañías comprometidas con la diversidad están un 152% más propensas a reportar que pueden proponer nuevas ideas y probar nuevas formas de hacer las cosas.

Con este y otros muchos estudian que avalan el valor de una organización diversa, llegó el momento de analizar qué entendemos por diversidad. Obviamente, hay muchos tipos: de género, étnica, profesional, geográfica, etc. Sin embargo, poco se ha hablado de la importancia de contar con diversidad de talento (o cognitiva) al interior de las empresas.

Los expertos en educación a nivel internacional lo vienen planteando hace algún tiempo: las personas tienen distintas inteligencias que les permiten aproximarse a los problemas y desafíos de manera diferente, lo que finalmente lleva a encontrar soluciones de manera más rápida, eficiente e innovadora.

Dicho eso, vale la pena preguntarse desde qué entendimiento del concepto diversidad éste le aportará valor a la empresa. Cómo genero el círculo virtuoso si, aún teniendo colaboradores diversos en género, perfiles, profesiones y orígenes, no cuento con una verdadera diversidad en lo que se refiere a inteligencias, talentos y habilidades.

Quizás no es utópico pensar que en unos años más las organizaciones se conformarán desde una “inteligencia común” a través de colaboradores que reúnan entre sí distintos tipos de talentos, donde convivan en colaboración inteligencias como la lingüística, emocional, interpersonal, o incluso musical, las que debieran ser tan valoradas en las empresas como las has ahora más “tradicionales”, en que predominan las habilidades lógico matemáticas.

Se sabe que las empresas desde hoy y por mucho tiempo más enfrentarán cambios y desafíos como nunca antes. ¿Cómo se sobrevive en un escenario así? Con soluciones rápidas, innovadoras y, muchas veces, rompiendo paradigmas. Para ello, es clave contar con un ecosistema donde la diversidad sea el eje. El punto es: ¿podemos hablar de verdadera diversidad sin el factor cognitivo?

Columna de Alejandra Aranda para Pulso – La Tercera.

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