16/05/2019 | 2 minutos de lectura

Por Alejandra Aranda


En pleno período de renovación de directorios en muchas empresas en Chile, vale la pena debatir sobre las capacidades, habilidades y, especialmente, el comportamiento ético y la integridad de quienes dirigen las organizaciones.

Las empresas han avanzado de manera importante en implementar buenas prácticas, en línea con las nuevas exigencias del entorno y un escenario que exige a las organizaciones un nivel de cumplimiento que va más allá de lo legal e incluye lo reputacional.

Dicho eso, y más allá del análisis legal o regulatorio, vale la pena plantear una discusión de fondo sobre el rol y competencias que caben en los directorios, y en quienes lideran a las organizaciones en el contexto actual.

Y es lo último, precisamente, lo que ha presentado uno de los principales desafíos al momento de conformar directorios. Primero, porque este nuevo entorno económico, político, social y (sobre todo) tecnológico ha obligado a las empresas a replantearse, adaptarse e innovar.

Segundo, porque todo lo anterior ha generado el surgimiento (necesario) de nuevos perfiles de liderazgo y nuevos roles dentro del gobierno corporativo.

El reciente fallo por el caso de colusión de los pollos es un claro ejemplo de aquello. Se trata de una práctica donde no hubo acción ni comunicación directa entre los involucrados. Estos matices, que hace algunos años eran considerados “aceptables”, hoy son fuertemente castigados no sólo por la justicia (como en este caso), sino por los consumidores y la opinión pública en general, con el daño reputacional y de imagen que ello conlleva.

Ahora, que estamos en pleno período de renovación de directorios en muchas empresas en Chile, vale la pena debatir sobre las capacidades, habilidades y, especialmente, el comportamiento ético y la integridad de quienes dirigen (y también de quienes integran) las organizaciones.

Una de las principales exigencias para los candidatos hoy es, precisamente, su disposición a defender y explicar sus decisiones como director desde el punto de vista de la ética y las buenas prácticas.

Sin embargo, lo anterior debe ir acompañado de una visión estratégica que le permita anticipar posibles amenazas y especialmente situaciones que hoy (no antes) constituyen un riesgo y pueden afectar fuertemente la imagen o incluso la supervivencia de una organización.

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